Los políticos yucatecos “Ya merito”
En la política yucateca hay una lista cada vez más amplia: la de los que estuvieron cerca… pero no llegaron. Los que sonaban fuerte, levantaban la mano, aparecían en encuestas y recorrían el estado, pero al final se quedaron en el “ya merito”.
Hoy hablaremos de cuatro de ellos.
Uno de los casos más recientes es el de Renán Barrera Concha, quien compitió por la gubernatura de Yucatán y perdió, aún cuando su partido, el PAN, tenía el poder en el estado. La maquinaria azul estaba en marcha, pero los votos no fueron suficientes para mantener el control.
Renán Barrera no era un improvisado: llegaba con la carta de presentación de haber sido tres veces alcalde de Mérida, uno de los municipios políticamente más importantes del país. Su experiencia municipal era su principal activo y su apuesta para dar el salto al Ejecutivo estatal.
Sin embargo, una característica que marcó tanto su campaña como la percepción pública fue que, para muchos, ya se sentía gobernador antes de haber ganado. En diversos círculos políticos se comentaba que incluso ya se hablaba de repartición de cargos dentro de la futura estructura gubernamental. La confianza excesiva terminó por convertirse en soberbia… y la soberbia, en política, se paga en las urnas.
Antes, algo similar ocurrió con Mauricio Sahuí Rivero, candidato del PRI en su momento. También buscó la gubernatura cuando su partido aún tenía estructura y presencia fuerte en Yucatán, pero tampoco logró conquistar el electorado.
Sahuí Rivero había construido su perfil desde el área social, encabezando la SEDESOL estatal, una posición clave para el contacto territorial y la operación política. Sin embargo, también cargó con la percepción de que el triunfo estaba asegurado. Al igual que en el caso anterior, dentro del priismo ya se hablaba de posiciones, nombramientos y futuros funcionarios antes de que los ciudadanos hablaran en las urnas. La historia terminó idéntica: la soberbia política fue más grande que el respaldo real.
El caso de Jorge Carlos Ramírez Marín es distinto, pero ilustrativo. En múltiples ocasiones aspiró a ser el abanderado del PRI al Gobierno del Estado. Sonó, operó y se movió políticamente… pero nunca consiguió la candidatura.
Ramírez Marín contaba con amplia experiencia legislativa y una red sólida de contactos dentro del CEN de su partido, lo que lo colocaba como un perfil competitivo en más de una ocasión. Aun así, las decisiones internas y las coyunturas políticas le cerraron el paso. Hoy ya no milita en el tricolor, brincó al PVEM, al ver la derrota de la que fue su casa por años y a la que le debe toda su fortuna, política y económica.
Y está también Liborio Vidal Aguilar, quien intentó primero por el PRI cuando militaba en ese partido y, en su última apuesta, lo buscó por el PAN. El resultado fue el mismo: no logró convertirse en candidato a gobernador.
Vidal Aguilar ha ocupado múltiples cargos locales y federales a lo largo de su carrera política. Sin embargo, su trayectoria también ha estado marcada por cambios de militancia: ha formado parte del PRI, PRD, Partido Verde y PAN, lo que para algunos representa experiencia y para otros falta de identidad partidista.
En Yucatán, la gubernatura no solo se gana con trayectoria, estructura o relaciones políticas. También cuenta el momento, la estrategia y, sobre todo, el respaldo ciudadano.
Hoy, estos nombres forman parte del grupo de los políticos “ya merito”: figuras con peso, historia, cargos importantes y aspiraciones claras… pero con una gubernatura que, por distintas razones, se les ha escapado de las manos.
En política, como en el béisbol, no cuenta cuánto te acercas al home… sino cuántas veces anotas.
Cambio del Sureste.—