Ana Rosa Payán y la política que no se quiere ir

Hablando claro 19/04/2026 182 lecturas
Ana Rosa Payán y la política que no se quiere ir

Mérida, Yucatán, a 19 de abril de 2026.— En Yucatán, hay figuras políticas que marcaron época, pero también hay quienes parecen negarse a entender que los tiempos cambian. Ana Rosa Payán Cervera es, sin duda, una de ellas.


Su trayectoria es innegable: fue dos veces alcaldesa de Mérida, diputada, senadora y referente histórico del Partido Acción Nacional en el estado.


Sin embargo, también es cierto que su carrera ha estado marcada por giros que hoy generan cuestionamientos. Su salida del PAN en 2007, su participación en distintos proyectos políticos e incluso su cercanía con el gobierno priista de Ivonne Ortega Pacheco —donde ocupó un cargo que, según señalaron en su momento ex compañeros de partido, fue interpretado como una retribución política— dejaron la impresión de una figura que se ha adaptado a las circunstancias, pero no necesariamente a una línea ideológica firme.


A ello se suma que, en otras plataformas políticas, los resultados han sido discretos o fallidos, lo que refleja un limitado respaldo ciudadano, así como la impopularidad con la que cuenta actualmente. Además, su figura resulta poco conocida entre nuevos sectores de la población. Incluso en sus llamados “movimientos sociales” y protestas, la respuesta ha sido reducida, con la participación de apenas unas cuantas personas.


Hoy, con la intención de impulsar un nuevo partido bajo el nombre de Somos México, Payán vuelve al escenario con un discurso de renovación. Pero la pregunta es inevitable: ¿puede hablarse de renovación cuando se trata de los mismos perfiles de siempre?


El reclamo no es menor. En un contexto donde la ciudadanía exige nuevos liderazgos, abrir espacios a jóvenes y construir una política distinta, insistir en figuras que han ocupado cargos durante décadas parece más una resistencia al relevo generacional que una apuesta por el futuro.


Más allá de los logros del pasado, la política actual demanda algo más que experiencia: exige credibilidad, congruencia y, sobre todo, la capacidad de saber cuándo dar paso a nuevas voces.


Porque el verdadero cambio no solo está en el discurso, sino en la disposición de soltar el poder. Y ese es, quizá, el mayor reto para quienes han hecho de la política una forma de vida.


Por Cambio del Sureste.—

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